viernes, 14 de octubre de 2011

CORTOS. 1

AVELINO Y EL BOTIJO MARAVILLOSO.

Avelino, que es de pueblo, auténtico, estaba un día cavando una zanja, con mucho esfuerzo, en una tierra reseca donde probablemente nunca se encauzaría el agua, pues llevaba tres años sin llover, cuando se encontró un botijo costroso, antiguo, como las ánforas marinas. Sin haber leído jamás un libro, frotó el botijo por intuición, aunque lo frotó con la entrepierna, que también debe de valer pues se obró un prodigio que no por mil veces repetido, deja de sorprender. Del pitorro salió un vapor verdoso que fue adquiriendo consistencia primero y forma después, para acabar convirtiéndose en un genio de perilla puntiaguda, ojos rasgados, tez malva y humo filiforme en vez de piernas. Avelino, se echó para atrás y aguardó desconcertado. Con una voz cavernosa y al tiempo gutural, con un acento oriental y cantarín, el genio le dijo:
-Mi señor, me ha liberado del botijo y por lo tanto tengo que concederle tres deseos, usted dispondrá de ellos y yo seré, después de tres mil años, por fin libre.
Avelino pensó con su simpleza directa y después dijo:
-¿Puedo pedir cualquier cosa?
-Sí cualquiera, pero sólo tres deseos.
-¿Pero cualquier cosa?
-Sí cualquiera.
-¿Lo que quiera?
-¿Qué pasa que eres idiota o qué coño?- impaciente el genio.
-O sea que cualquiera- repitió para sí Avelino-. Pues quiero un vaso de agua fresca que ver el botijo me ha dado sed.
Al genio le salió una carcajada estruendosa que hizo esconderse a las lagartijas que se freían al sol.
-Aquí tienes el vaso de agua gilipollas- y siguió riéndose como una hiena enfebrecida por los rigores del calor y la alimentación putrefacta de las carroñas.
Avelino bebió con deleite.
-¿No tendrás un cigarro verdad?- pidió Avelino.
Casi ya muerto del ataque de risa le dio un cigarro encendido mientras le decía que acaba de consumir su segundo deseo y que era tonto del culo y que estaba desperdiciando la oportunidad de su vida y que ya sólo le quedaba un deseo.
El pueblerino fumó despacio, sopesando la situación, perdiendo la mirada en las yertas tierras.
-¿Me has dicho que lo que quiera, no?
-Que sí, subnormal, que sí, que me parto de risa contigo, que después de tres mil años me ha tocado el tonto del pueblo- y venga a reírse y a mirar alrededor por si había testigos de semejante sainete.
-Así que lo que quiera…
-¡Dispara ya- y otra sonora carcajada- atontado!
-Pues…- sentenció Avelino- quiero otros tres deseos más.

Fin.

1 comentario:

  1. Enhorabuena por tu blog, Juan !!! y seguramente tendrás muchos seguidores en este nuevo formato, en el cual me incluyo. Adelante compañero!!!
    Juan Len

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