lunes, 12 de diciembre de 2011

CORTO.4. SALIR DEL ARMARIO

                           

         Me encuentro muy cansado. Todo el día viajando de aquí para allá, de hotel en hotel. Hoy me acostaré pronto. Todas las habitaciones de hotel son iguales, se trata de una sola habitación repetida miles de veces, clónica, sin encanto… ¡qué asco! Y luego, hay que ver cómo está la vida, no te puedes fiar de nada ni de nadie. Bueno, me iré a la cama; no sin antes mirar debajo de ella, no vaya a ser que haya alguien escondido ahí, esperando a que me duerma. No hay nadie, mejor. ¿Y en el baño? Tampoco hay nadie en el baño. En fin, ¡qué sueño! ¡Pero si no he mirado en la bañera! Descorro con precaución la cortina y compruebo que sólo cuelga el albornoz de una percha. Cualquiera podría pensar que estoy paranoico perdido, pero creo que hay suficientes motivos para no fiarse. Me acostaré. ¿Y en el armario? Miro dentro, me meto hasta el fondo… ¿qué ruido es ése? ¡Dios mío! Alguien está entrando en la habitación. ¿No decía yo? Cierro la puerta del armario. Entra dentro, bosteza, parece que se está quitando la ropa. ¡Qué desfachatez! Va al baño y oigo el gorgoteo sulfúrico de su mear. ¡No me lo puedo creer! Tira de la bomba, se mete en la cama, apaga la luz. Espero unos minutos. Empieza a roncar. ¡El tío jeta está durmiendo! Esperaré un  rato a que tenga el sueño más profundo. “La vida no puede ser más caprichosa. Uno trabaja, se esfuerza, intenta levantar una familia, pero, en realidad, uno está a merced de cualquier loco. Un loco que se cruza en tu camino y te jode bien jodido. Viola y mata a tu mujer a machetazos, descuartiza a tus hijos, los cocina y se los come… y te deja fuera de juego, vacío, sin nada dentro donde emocionarte o sonreír, muerto en vida. Y aunque lo juzguen y lo metan en un hospital carcelario para asesinos dementes, con la intención y el deseo de que se pudra dentro… resulta que las cosas no son tan sencillas, porque existen las terapias de los cojones, y la gente se cura, parece ser que se cura y consideran, incluso, que está rehabilitado. Y lo dejan en la puta calle, libre y desorientado, para que vaya por ahí, de turismo, visitando hoteles…” Ya han pasado dos horas. Salgo sigilosamente del armario, me acerco al tipejo, le pongo sobre la cara de cerdo que tiene un pequeño cojín que siempre llevo encima y, con la otra mano, le corto el cuello con mi cuchillo de monte. ¿Qué sorpresita, eh, cabrón? De la herida burbujea un funesto manantial bermejo y caliente, que se mueve al ritmo de sus estertores, que suenan a triste bolero de despedida. Sus brazos y sus piernas se agitan en espasmos que remedan un tango mortal y trágico. Poco a poco van cediendo las convulsiones. El pobre diablo se está muriendo soñando que se muere. Ya no patalea. Le quito el cojín de la cara. Veo sus ojos perdidos en el más allá, preguntándose, supongo, por qué ya no está en el más aquí. ¡Qué pena! Y pensar que ahora estaría vivo si hubiese tenido, como yo, la prudencia de mirar debajo de la cama, dentro del armario…


Finalista del I Concurso Internacional de Relatos "Hotel Dusk", organizado por Nintendo y la Semana Negra de Gijón. 2007.

2 comentarios:

  1. Perfecto para antes de apagar la luz. Gracias Juan.

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  2. Yo incluso miro en los cajones... que los hay muy pequeños.

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